KINESIOLOGA EN LINCE

Aquella noche me quede hasta muy tarde en el trabajo y aproveche que una camioneta de la empresa se iba a abastecer de combustible para que me diera un aventón. Le pedí al conductor que me dejara en el cruce de las avenidas Javier Prado y Petit Thouars. Desde ese punto comencé a caminar con dirección al centro de Lima, tenia deseos de encontrarme en el rumbo con la mejor kinesiologa en Lince.

Para aguantar mi larga caminata ingrese al market de un grifo cercano a comprar agua y unos cigarrillos para el frio. Proseguí mi trayecto, pase por la cevichería “El mordisco” y me gane con las flaquitas que ahí atienden, tenían un vestido que dejaban ver sus bien formadas piernas que me calentaron más que los cigarrillos que compre. Ya quería cruzarme con alguna kinesiologa en Lince para desfogar algo mi excitación.

Luego de ese pequeño entremés seguí avanzando por la avenida Petit Thouars, que me tenía deparadas más sorpresitas. En la cuadra 24 de esa avenida cerca al restaurant “KFC” una señora de unos 40 años y una figura envidiable para cualquier mujer de su edad me guiño el ojo y me decía: “¿Vamos mi amor? Te voy a tratar como a Rey, te hago poses, te doy vaginal y anal. ¿Qué dices?” La oferta era bastante tentadora en verdad, pero no era lo que estaba buscando, yo quería un kinesiologa en Lince más chibolita.

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Unas cuadras más arriba, en la 17 para ser más exactos, me encontré con un bar restaurante charapa de nombre “Maquisapa”, justo estaba pasando y sale una flaquita tan rica que un taxi casi se estrella por ver semejante monumento, atrás de ella salieron dos chicas más que estaban igual de buenas. Luego de murmurar entre ellas volvieron a entrar. Decidí entrar para ver cómo era por dentro y lo que me encontré fue a puros tíos con cara de vándalos que tomaban cervezas. En otras mesas habían chicas solas como esperando que las saquen. No me anime a quedarme porque estaba solo y era exponerme. Seguía en busca de la kinesiologa en Lince que me saque de angustia.

A la siguiente cuadra en la misma esquina observe que había dos muchachitas de unos 20 años conversando. A primera vista no parecían del cuento. Tenían jeans apretados y unos tops que dejaban apreciar sus buenos atributos. Al pasar por el lugar una de ellas me hizo señas con la ceja y moviendo la cabeza como diciendo “¿Vamos?”. No respondí, solo la observe de arriba abajo para ganarme con su cuerpazo. Entonces decidí regresar para consultarle sus servicios. Fue entonces que note que en esa calle había más flaquitas. Ahí debe estar la kinesiologa en Lince que estoy buscando, dije entre mi.

Di una vuelta y la encontré. Era una chibolita de no más de 18 años, con carita de niña pero con un cuerpo de infarto. Buenos pechos, caderas anchas y un culito paradito y duro a primera vista. Le pregunte como era el servicio y me dijo que cobraba 50 soles aparte del telo. Fuimos a uno a media cuadra del lugar. La kinesiologa en Lince era una mocosa pero conocía su trabajo. Propio de la edad y de lo novedoso del oficio para ella, me dio un trato casi de pareja, con paciencia y creo yo que hasta disfrutándolo. Definitivamente salí mas que complacido del servicio de la chica, que cuando tenga la oportunidad volveré para buscarla.

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